¿Hacia donde vamos?


Diez años atrás, era impensable tener un teléfono celular con más memoria y capacidades que las computadoras personales de la época, con cámaras y programas que permiten manejar todos los aspectos de la vida de una persona. Dentro de diez años, el iPhone y los demás aparatos de su tipo serán antigüedades.
En la próxima década continuará la evolución de las computadoras y la Internet y se producirán aparatos cada vez más rápidos y con más capacidades. Muchas más cosas contendrán sensores y computadoras que registran nuestras actividades, arman archivos digitales que aumentan nuestra memoria y nos ayudan a tomar decisiones y a procesar un exceso de información. Se puede decir que esos son pronósticos exagerados. Es sabido que rara vez estos pronósticos se cumplen. Las predicciones a corto plazo tienden a dar por sentado que se producirán cambios muy rápidos y los pronósticos a largo plazo subestiman la posibilidad de un viro súbito y profundo.
Sin embargo, esta visión de aparatos interconectados que producen y filtran enormes cantidades de información son una progresión lógica de la web, de las computadoras y de los chiches que surgieron en la década del 2000.
¿Recuerdan el discado? Otra cosa obsoleta. Hoy se impone la banda ancha. Y la gente pasa cada vez más tiempo frente a la computadora. Llenamos la memoria de los discos duros con música y fotos, y aumentan la cantidad de hogares con cámaras digitales y reproductores musicales. Surgen nuevas formas de comunicarse. La mayoría de nosotros tenemos teléfonos móviles, teléfonos con cámara, aparatos telefónicos de usos múltiples o el iPhone. Adquirimos computadoras portátiles y queremos contar con conexión de Internet en todos lados. Las páginas personales dieron paso a los blogs, que se pueden preparar en segundos y dan a toda persona con una computadora y acceso a la web la posibilidad de alcanzar una audiencia más grande que la de muchos diarios. Una primera generación de redes sociales fue reemplazada por sitios como Facebook y Twitter, donde podemos colocar textos, fotos y videos.
Todos estos cambios fueron posibles por la explosión de la capacidad de las computadoras y de las conexiones. Al ir por la vida, dejaremos más y más pedacitos de nosotros mismos en el mundo digital. Parte de ello será lo que distribuimos online.

¿Cómo afecta a nuestra mente el empleo de los diferentes medios de comunicación?

La cantidad de textos, fotos, videos, música y enlaces a otras páginas, combinada con incesantes informaciones en forma de mensajes de texto, correos, actualizaciones, han hecho que nuestras mentes se acostumbren a catalogar, archivar y buscar informaciones. Así desarrollamos habilidades para tomar decisiones rápidamente, en especial las visuales. Por otra parte, cada vez leemos menos libros, ensayos y textos extensos – que nos ayudarían al enfoque, a la concentración, introspección y contemplación.  
La ausencia de enfoque obstruye nuestra memoria de largo plazo y nos hace más distraídos.
Las multitareas dificultan la concentración y la selección, necesarias para pasar por alto informaciones irrelevantes. E incluso después de que la persona se desconecta, el pensamiento fragmentado continua.

LA ERA DE LA SOFISTICACIÓN DE LA IGNORANCIA

En la era de la información resulta prácticamente imposible bloquear la diseminación de quantums (paquetes informativos) sobre temas que históricamente se mantuvieron al margen del conocimiento popular
Ante la imposibilidad por seguir conteniendo estos causes de información, al parecer el mainstream media, así como la tradicional élite de poder, recurren a una técnica alternativa: la desinformación. Esta herramienta de algún modo intercambia la antigua ignorancia a la que se encontraba sometida gran parte de la sociedad civil por un nuevo, y tal vez aún más efectivo enemigo, la confusión. Y es que si analizamos de manera objetiva ambos fenómenos en verdad resulta más nociva esta segunda táctica empleada para proteger las agendas ocultas: es más "peligrosa" para los intereses a la sombra una sociedad que no sabe (y que en cierto porcentaje esta consciente de su ignorancia) que aquella sociedad que cree saber (pero en realidad no sabe nada) o incluso que sabe demasiado, teniendo a su alcance más mucho más información de la que es capaz de procesar lúcidamente.

¿Cómo hubiéramos imaginado que esa épica llegada a la "era de la información", vanagloriada por muchos con la consagración de la Red, terminaría por convertirse, paradójicamente, en la más efectiva herramienta para favorecer la ignorancia?
Pero más allá de la melancolía o el pesimismo, lo cierto es que debe existir un antídoto para contrarrestar este ilusorio carnaval. Una de las versiones de esta "medicina" es muy sencilla: simplemente desconectarte del desfile de hebras informativas patrocinadas por los millones de medios de comunicación que han surgido en internet (mainstream, contraculturales, radicales, indie, y si, incluyendo Pijama Surf) y dedicarte a observar la tierra, el cielo, las plantas. 

Pero si el ocaso digital esta fuera de cuestión para tu búsqueda existencial o tu desarrollo personal, existe otro camino, más complejo pero sin duda asequible. Y en este sentido, los que integramos este sector de la población, parece que estamos frente a un monumental reto generacional, el cual está íntimamente asociado a tres protagónicas tareas: la reflexión, la interpretación, y el discernimiento.









Referencias


Wall e  (2008)





Her (2013)







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