SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

La “evolución” de la sociedad y sobretodo de la psicología de las masas nos ha llevado a un nuevo estado de cosas.
Es posible mostrar públicamente toda la corrupción que nos rodea, la maldad y la prepotencia sin tener que preocuparse de que ello produzca ningún tipo de respuesta entre aquellos a los que oprime. En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada.
Este estado de sumisión está relacionado, directamente, con el condicionamiento psicológico al que está sometido el Individuo en la sociedad actual.
Vivimos inmersos en mecanismos que desactivan nuestra respuesta al acceder a la verdad, por más escandaloso que ésta resulte, son tan sencillos como efectivos, y resultan de lo más cotidiano. Simplemente todo se basa en un exceso de información. En un bombardeo de estímulos tan exagerado que provoca una cadena de acontecimientos lógicos que acaban desembocando en una flagrante falta de respuesta. En pura apatía.

Por lo visto, nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes que se nos transmiten constantemente.
Ahí no radica el problema.
De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos.
El problema aparece cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora de juzgar y analizar sus implicaciones, porque no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información.
Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente.
Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación y lavado de cerebro
Así pues, el bombardeo continuo e incesante de información en nuestro cerebro nos impide juzgar adecuadamente el valor de los hechos, con criterio propio y según nuestros códigos internos.
Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada.
Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción.
El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisa.

Nuestro cerebro se ha convertido en un drogadicto de la información rápida, en un yonqui ávido de continuos chutes de datos que ingerir, a poder ser pensados y analizados por cualquier otro cerebro, para no tener que hacer el esfuerzo de fabricarnos una compleja y contradictoria opinión propia.

Odiamos la duda, pues nos obliga a pensar.
Ya no queremos hacernos preguntas.
Solo queremos respuestas rápidas y fáciles.
https://gazzettadelapocalipsis.com/2014/01/07/por-que-no-estalla-una-revolucion/


Referencias:
Zeitgeist








https://www.youtube.com/watch?v=pC2jnGZlVtE

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http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/farenheit%20451.pdf

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